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Un maestro/a ante todo debe motivar al alumnado hacia su asignatura

Ayer tuve la primera reunión del curso escolar. El objetivo fundamental era según el director conocer al equipo directivo y docente que este año estaría encargado del alumnado de los diferentes ciclos. Mi hija está en 2º de primaria y por suerte continuamos con su seño Elena. Ayer por primera vez conocí y escuché a los otros maestros/as “especialistas”, es decir, los maestros/as de educación física, música e inglés. Mi sorpresa fue mayúscula con el discurso de dos de estas personas, en concreto con las asignaturas de educación física y la de inglés. Yo como madre, y en este caso como deportista y también conocedora del idioma inglés, no espero que mi hija salga de este curso hecha una deportista o bilingue pero si espero cuanto menos que mi hija no “odie” estas asignaturas. Es decir, en el tema de fomentar los hábitos saludables (entre ellos la actividad física) la escuela juega un papel importante pero la familia lo juega más aún si cabe. Y de eso, nuestra familia entiende.

Pero la impresión me la llevé al escuchar el discurso de la maestra de inglés que iba pasándose aula por aula para explicar su metodología. Abrió el discurso con esta frase “este año hemos cambiado el método pero la metodología es la misma”. Ahí intuí que el resto del discurso no iba a mejorar. Y efectivamente, a continuación las palabras más mencionadas fueron “exámenes” “calificaciones” “tareas” “reñir al alumnado si no ha hecho las tareas”. Los alumnos tienen 7 años!!.

Todos/as hemos tenidos maestros/as que están lejos de utilizar métodos constructivistas y al final hemos sobrevivido. Pero aprender un idioma es algo apasionante y debería ser divertido y natural. No soy experta en la enseñanza de idiomas pero intuyo que, como en cualquier campo, se empieza con una buena predisposición hacia la asignatura. No ayuda a una niña el hecho de generarle angustia y ansiedad hacia el idioma si está más preocupada en aprobar exámenes. Lo curioso es que a mi hija se le da muy bien el inglés, tiene buena pronunciación y realiza todos los deberes y “aprueba” siempre los exámenes. Sin embargo, hoy nos ha contado que su seño de inglés le ha arrancado las páginas de la libreta que tenía hechas porque había empezado a utilizar el cuaderno por la parte de atrás. Nos lo ha contado llorando porque para ella ese gesto es síntoma de que ha hecho algo mal, hecho que ha reforzado con el gesto brusco de arrancar las páginas. Le ha dicho que lo tiene que repetir todo. Tanto su padre como yo le hemos explicado que no hay nada malo en equivocarse y que al empezar de nuevo tenemos la oportunidad de hacer las cosas mejor. Pero no me quito de la cabeza la idea de lo absurdo de determinadas rigideces mentales ¿qué mas da por el lado por el que se empiece una libreta? He aprovechado la oportunidad para sentarme con ella e inventarme ejercicios para aprender los días de la semana después de haber rehecho con ella las páginas arrancadas. Porque de otra cosa no sabré, pero motivar a mi hija hacia el aprendizaje SIEMPRE.

Educadores de pacotilla

La educación es una labor que no puede ser llevada a cabo por cualquiera. Educar es una de las cosas más maravillosas que existen para aquellas personas que la sienten como una verdadera vocación. Educar es formar a personas. Formar a personas es desarrollar seres humanos felices. Pero por desgracia en la escuela podemos encontrarnos en ocasiones a algunos pseudo-educadores. Personas que han encontrado en la enseñanza simplemente una forma de ganarse la vida. Pero como dice  Emilio Lledó  “enseñar no es sólo una forma de ganarse la vida sino que es, sobre todo, una forma de ganar la vida de los otros” (vía blog del catedrático de didáctica malagueño Miguel Ángel Santos Guerra).  Educar es amar. Aquel maestro o maestra que da por sentado que los niños y niñas mienten por naturaleza ya está construyendo su propia visión de la infancia, carente de una total perspectiva de amor hacia la misma.

Presuponer que una niña que le pide por favor ir al baño es que está mintiendo es dar por sentado que los niños y niñas son mentirosos/as. Y eso es precisamente lo que ha pasado en el cole de mi hija, cuando ella en medio de una actividad de la clase de música le pide a su maestro ir al baño y este le dice NO. Mi hija no mentía, mi hija tiene 6 años y no tenía un plan en mente de evasión de su clase. Mi hija simplemente necesitaba ir al baño. Se hizo pis encima. Salió del cole asustada y llorando. Este señor, maestro de música se dedicará a enseñar notas musicales pero tiene mucho que aprender sobre educación. Posiblemente sabrá mucho de flauta dulce pero dulzura es lo que le hace falta para educar a unos niños de 6 años sin atentar contra el desarrollo de su autoestima, porque ¿cómo se sentiría él si en medio de una reunión de trabajo o conferencia se estuviera haciendo pis y no lo dejaran salir? ¿Hasta cuándo nos vamos a encontrar incompententes al cargo de nuestros hijos e hijas?

La mancha de una mora con otra mora se quita

Es curioso que este dicho popular suele aplicarse a temas amorosos, o más bien des-amorosos, cuando se alude al hecho de que no hay nada mejor para olvidar a un ex-amante que dejarse caer en los brazos de otro…

Hoy le he encontrado otra aplicación al dicho, menos “romántica” pero que me ha hecho comprender que no hay nada mejor para olvidar un mal momento como un buen momento que te quite el regusto rancio del anterior. En concreto, para olvidar mi última mala experiencia presentando un curso en un hospital granadino nada mejor que una buena experiencia presentando el mismo curso en un hospital gaditano. Ese Cádiz, olé!!