A veces, la vida te acobarda. Es así, inevitablemente el paso del tiempo y el aumento de responsabilidades van mermando la capacidad de arriesgarse. En muchos de los entornos en los que nos encontramos en nuestro día a día tenemos pocas oportunidades de ser nosotros mismos. En el trabajo más veces de las que me gustaría reprimo las ganas de expresar mi opinión. Porque lo intenté y no me fue bien. Porque con 20 años cuando no tenía hija ni hipoteca era más valiente. Por eso, cuando tengo previsto salir a correr con mis amigos y no ha parado de llover en toda la noche y me despierto pensando en la que nos va a caer ahí arriba en la montaña pienso que estoy deseando, deseando que el agua se lleve toda la cobardía. Deseando que salga la verdadera yo, la que disfruta como una niña corriendo por senderos, rodeada de árboles. Me gusta el riesgo, la aventura. Esa sensación de no saber exactamente qué vamos a encontrarnos. Ahí en el monte, con mi gente, soy de verdad yo. Fluyo. Existo. Soy feliz.
Cuántos rincones esconde esta tierra para correr!!. Ayer me quedé maravillada por un trail que hicimos por los Montes Orientales de la provincia granadina, concretamente por la Sierra de Parapanda. El punto de salida fue el pueblo de Íllora, un pueblo con verdadero encanto para amantes del mountain bike y del trail running. Todo empezó cuando mi amiga Toñi, ciclista de montaña, me comenta que con motivo del Maratón de BTT que se celebra en Íllora cada año, un amigo hace partes del recorrido corriendo y que si nos apetecía hacerlo este año. Desde el principio me encantó la idea, esa maratón de bici tiene fama de dura por los desniveles y lo técnico del recorrido así que para correr tenía que ser fabuloso, sumándole además el ambientillo deportivo del evento y el encanto de los paisajes. Así que gracias a su invitación y a que se ofreció a cuidar de Maya con Estefa, otra amiga ciclista, Pablo y yo pudimos correr con la guía de Francis, un corredor local amante de los ultras y con dos amigos suyos más.
Nunca había estado por esa zona así que desde el principio estaba como niña con zapatos nuevos, ilusionada y absorbiendo todos los estímulos visuales, auditivos y olfativos nuevos. El día estaba nublado pero aún así las vistas eran espectaculares.
El recorrido tenía bastantes desniveles empezando como casi siempre ocurre en las carreras por montaña, subiendo. Pero las subidas no muy pronunciadas aunque continuas. Los senderos, estrechos, con piedras y en tramos entre bosques. Precioso. Durante el trayecto coincidimos con los corredores/as de bici que participaban en la maratón. Aprovechábamos para animarlos. Era curioso pasar corriendo por los avituallamientos y la gente que animaba a los ciclistas se nos quedaban mirando preguntándonos que dónde habíamos dejado la bicicleta. Al ir con Francis, conocido por todos allí, la organización de la carrera se portó muy bien ofreciéndonos incluso a coger comida en uno de los avituallamientos.
Al final hicimos 21,6 km en algo menos de 3 horas, incluidas paradas, con subidas, bajadas técnicas y vistas espectaculares. Cuando acabamos compartimos el momento almuerzo con los ciclistas y acompañantes. Y luego un súper café en una cafetería local con mi amiga Toñi, una anfitriona excepcional. También me encantó el encuentro con otras de amigas del Club Ciclista en femenino Granada. La experiencia fue un lujo que posiblemente repitamos ya que el recorrido de la maratón BTT más largo tiene 74 km así que nos quedan aún kilómetros que explorar…
Los runners tenemos muchos motivos para correr, cada uno encuentra el suyo, por ejemplo, hay quien corre por COMPETIR y hay quien corre por CONVIVIR. Y por supuesto podemos hacerlo por ambas cosas. Correr por montaña, requiere grandes dosis del segundo verbo ya que las experiencias en montañas son pura convivencia, con la gente y con la montaña misma. Eso significa para mí correr, fluir por parajes montañosos acompañada de mi gente y de gente con la que comparto esta pasión. Y en cuanto al primer verbo, para mí secundario al primero, lo traduzco en una competición interna con mis propios resultados, traducidos en sensaciones más que en tiempos, mejorar, sentirme cada vez más fuerte, más ligera y más integrada con la naturaleza.
El II Trail Sierra de Huetor se celebró el pasado 25 de marzo, con un recorrido de 25km y 1300m de desnivel acumulado. Era mi tercera participación en un trail. Ya había inspeccionado el recorrido una semana antes con mis compis y amigos del Club Granada Ultratrail y “Los Cualquiera puede hacerlo” pero no habíamos dado con el recorrido oficial de la carrera ya que no dimos con la cuesta de mayor desnivel de todo el recorrido (menos mal, de saberlo, lo mismo ni la repito!!). Esa semana comenzé a incubar un resfriado y además tuve la semana entera con clases por lo que no pude salir a correr ningún día. Sentía que no estaba realmente preparada para la carrera, ni física ni psicológicamente pero sí me apetecía compartir la experiencia y sobre todo me apetecía correr.
Los previos a la carrera siempre me encantan, los nerviosillos del calentamiento, los saludos a la gente, el frío, las idas y venidas al baño, la trenza que le hago a Vanesa, conversaciones sobre desayunos, zapatillas, y todas las cosas que te hacen pasar el tiempo hasta que dan la salida. Y llega el momento, yo esta vez tengo claro que voy a ir sola, aunque también se plantea la posibilidad de ir cerca de Gustavo porque en salidas anteriores parece que tenemos un ritmo similar. Una cosa es lo que planeas y otra lo que sucede.
Al salir cada uno toma su ritmo según sus sensaciones así que comenzamos a correr y me encuentro sola enfrentando el primer kilómetro y medio de subida dura que hace que note los pies dormidos y molestos durante los primeros 4kms (malditas plantillas). La cosa mejora mucho en la primera bajada larga. Mejoran mis pies y puedo afrontar el resto de la carrera con unas magníficas sensaciones. Durante el recorrido me voy cruzando con conocidos y mi mayor alegría llegó cuando me vi a mi compi Manuel (de los GUTs) que hacía la carrera acompañando a su amigo Sergio y me dijo que hacía el resto del recorrido conmigo e intentaríamos entrar juntos en meta. Al principio pensé que no era necesario y le dije que no hacía falta que me esperara (Manuel es un corredor mucho más fuerte que yo, si fuera a su ritmo podría sacarme más de media hora) pero luego inmediatamente pensé que por una vez en la vida aceptara un regalo y le agradecí de verdad el gesto. De todas formas él en esta carrera ya se había comprometido a acompañar a su colega en su primer trail. Con Manuel me fue fácil seguir un ritmo, caminando en los cuestones, trotando en las cuestecillas y volando en las bajadas. Manuel y yo bajábamos como auténticas cabras por los senderos más técnicos. Cerca de uno de los avituallamientos me crucé con mis amigas del Club Ciclista en Femenino Granada que habían quedado para hacer una ruta por allí. Me dio un subidón el verlas que noté una energía extra para correr.
En un momento del recorrido en el que iba por delante de Manuel y Sergio unos metros, con otros corredores no vimos uno de los desvíos del trazado y nos perdimos. Sería por el km 21 aproximadamente. Estuvimos unos 5 minutos perdidos entre los que subimos y bajamos un par de cuestas. Menos mal que la voz de Manuel por arriba me rescató y pude hacer una subida por una trocha y recuperar el trayecto perdido. Una vez que enfilamos el camino correcto hicimos los últimos 3kms a ritmo rápido que nos permitió enfilar la última bajada con mucha soltura y alegría.
Cuando llegamos al asfalto vimos a todos nuestros amigos y familia, Pablo y mi hija como siempre gritando “mami, mami!!” le choqué la palma y enfilamos Manuel y yo la línea de meta hasta entrar cogidos de la mano y con nuestras sonrisas en la cara, y fui feliz, una vez más… El siguiente reto: Sierra Elvira.
Es curioso el azar. La vida está llena de caminos en los que nos vamos cruzando con personas y más personas tejiendo nuestro particular entramado social, nuestro círculo. Las redes en Internet ayudan, eso está claro, pero todavía existe el antiguo método: salir y conocer gente.
En estas reflexiones andábamos en el viaje de vuelta de nuestro último Trail de Cabo de Gata. Porque a veces, además de entrenamientos, senderos, zapatillas, barritas energéticas y demás temas de nuestras “profundas” conversaciones nos sumergimos en temas menos deportivos. Salir, conocer gente, ampliar círculos…
Y en una de estas ocasiones, en un concierto de un amigo, éste me presenta a su amigo Raúl Morales, del cual no había oído hablar nunca pero que me cuenta que es un “mákina” del deporte, que corre un mogollón y que además le da a la bici, la piragua, nadar, lo que se le ponga por delante…
Si es un máquina o no, es lo de menos (¡¡pero yo digo que lo es vamos!!). El hecho es que es un super deportista, hace trails de larga distancia (entre otros deportes) y cuando va a las carreras va a por el podium (yo a terminarlas) y es una persona super humilde, cosa que demuestra no sólo por su actitud y simpatía sino por invitarnos a salir a correr con él y guiarnos por una ruta que desconocíamos.
Esta ruta por Los Morrones (no los muñones, ni los muñoces eh Vanesa??) de Sierra Elvira es preciosa y al atardecer sus vistas son espectaculares. Hicimos un tramo coincidente con parte del recorrido del Trail de Sierra Elvira, pero en sentido inverso. Es una ruta técnica para mi nivel pero disfruté como una enana. A medida que subíamos por algunos tramos parecía que iba haciendo surf en lugar de correr ya que los pies se adaptaban a la pendiente en una flexión lateral algo forzada. Hasta ahora, en otras rutas, había tenido esa sensación de parecer resbalar en las bajadas pero aquí en Sierra Elvira encontré más difícil ciertos tramos de subida. En esta ocasión la ruta fue corta, algo menos de 10 km por compromisos personales, pero hemos quedado en que volveremos pronto (sino no se como voy a poder terminar el Trail oficial que son 20km más, que locura!!)
En fin, tengo mucho que aprender y mejorar y tengo mucha suerte de tener referencias tan magníficas tanto con mis compis del club como con personas como Raúl. Mil gracias!!
Llegó el momento tan esperado: mi participación en el Trail Cabo de Gata de 2012, el segundo trail en el que participo en toda mi vida. Tenía mucha ilusión desde que Emilio, el presi de Granada Ultratrail, me recomendó hacerlo sabiendo que era novata ya que tiene una distancia asequible de 30km y no tiene mucho desnivel (algo más de 300m). También destacó la belleza de su paisaje y sus aromas.
Pues bien, tengo que decir que una vez más (al igual que me pasó con mi primer Trail, Emotion Extreme de Jaén) subestimé la dureza del recorrido y la verdad me alegro de haberlo hecho porque una vez metida de lleno le eché todo lo que tenía y conseguí terminar la prueba en un tiempo que para mí es más que aceptable: 3h07min.
La información previa de la que disponía para plantear mi estrategia consistía en que el recorrido se caracterizaba por un tramo de 4km ascendente bastante duro en el que el camino se estrechaba tanto que decían que era mejor salir adelantada para no quedarse taponado. A partir de ahí, los siguientes 25km del recorrido discurrían por terreno llano y bajadas por pistas anchas. Con esta información nos dispusimos mi compi y amiga Vanesa a ocupar un lugar adelantado en la cola de salida. Quedamos para hacer el recorrido juntas pero nada más salir ella empezó fuertecito y decidí no seguirla para no fatigarme antes de tiempo. Menos mal que no lo intenté, la campeona hizo un tiempazo de 2h49min quedando segunda de la categoría senior. Así que pasé a mi plan B, ponerme los auriculares en cuanto empezamos a andar por la pendiente y sustituí la compañía de Vane por mis amigos Eddie Veder, Tracy Chapman, Barenaked Ladies… hice todo el trail sola pero muy a gusto, con una sonrisa en la cara por sentir que estaba donde quería estar.
En cuanto a las sensaciones de la carrera, me sentí fenomenal hasta el km 25, a partir de ahí empecé ya a desear llegar a meta. El paso por las ramblas, varios kilómetros por arenas, y el calor que hacía (fue todo un acierto llevarme la mochila con litro y medio de liquido) me habían casi agotado y aunque a nivel cardio cada vez me encontraba mejor (las pulsaciones las tenía mejor en el km 25 que en los primeros kilómetros) las piernas empezaban a estar muy cargadas y los pies me dolían bastante (no acabo de acostumbrarme a las plantillas ortopédicas, quizá tenga que hacer una visita pronto al podólogo). Aún así, la sensación de ver la meta al fondo me empujó a entrar con el “esprinsito” final y la sonrisa en la cara.
Pero esto es como acaba, lo mejor es cómo empezó porque las carreras son realmente una excusa para viajar y estar con la familia y los amigos, que son en realidad una familia también. Lo mejor del Trail Cabo de Gata es la experiencia global del fin de semana en Cabo de Gata, concretamente en el Camping Los Escullos, con Pablo, Maya, Vanesa, Antonio “Erleon”, Lara, Hanna y Oli, sin ellos no podríamos haber corrido Pablo y yo la carrera. Compartimos momentos en el “porche” de su caravana y deliciosas comidas y cenas. También compartimos la cena previa a la carrera con Roberto Sánchez y su familia. Lo pasamos genial.
El domingo una vez el autobús nos llevó a Rodalquilar, pueblo desde donde sale el Trail, compartimos los momentos previos con amigos del grupo de los Cualquiera, estábamos todos/as muy contentos y con ganas de empezar.
Y para terminar, una gran paella al solecito en el pueblo de San José, broche de oro para un trail y un finde espectacular. Ya estoy deseando hacer el próximo que será el Trail de la Sierra de Huetor…
Ah, se me olvidaba colgar el vídeo que grabé la noche previa a la carrera sobre las barritas “GUTnísimas” de Vanesa:
Correr por montaña me apasiona. Ayer estuvimos corriendo 3 chicas del Club Granada Ultratrail por una ruta corta pero rápida y hoy hemos estado, además de nosotras tres, otros miembros del club haciendo un trail por Cumbres Verdes y alrededores del Trevenque de 23 km de distancia y unos 1000m de desnivel positivo. La ruta ha sido espectacular, con muchos tramos de nieve y unas vistas maravillosas. Nuestra sierra nunca deja de sorprenderme.
Si tuviera que describir la felicidad como un estado fisiológico sería precisamente el estado que te embarga cuando tras una carrera como la de hoy, estás a tope de endorfinas y con un hambre increible empiezas a comer y la comida te sabe a gloria bendita (si es que alguien la ha probado alguna vez ).
Las crónicas a ambas rutas están en los otros blogs en los que colaboro:
Los últimos día del año 2011 los pasé haciendo una de las cosas que más me gusta, correr por el monte. El día 29 de diciembre hicimos una ruta preciosa por los alrededores de los pueblos de Olivares, Tózar y Moclín gracias al amigo Er Leon, cuyo recorrido acumuló 14,28 km con una altura ganada de 787 m. Se puede leer la crónica detallada en el blog de Pablo, Traileando.
Dos días después, el último del año, hicimos una ruta por los Neveros hacia el Llano de la Perdiz cuyo recorrido total fueron 20,85 km con una altura ganada de 774 m en compañía de algunos amigos del grupo de los “Qualquieras” (Pablo, Vanesa, Pablo, Luis Ángel, Kike, Javier).
Poco a poco, me voy sintiendo mejor en las rutas con mucha subida, mi punto débil por ahora. Bajar se me da mejor, incluso las bajadas técnicas. Estoy descubriendo mis límites y mis ritmos. Mis pies están sufriendo una transformación típica de corredores de montaña, pérdida de uñas incluidas. Ya he realizado la visita necesaria al podólogo donde me han hecho un estudio de la biomecánica de mi pisada y donde me han hecho unas plantillas a medida para compensar el insuficiente apoyo de la parte media del pie. Por ahora me está yendo bien. El podólogo me recomendó que el primer día no corriera, que las probara andando una media hora. No le hice mucho caso, en realidad ninguno. El primer día las llevé a la ruta de Olivares donde estuvimos corriendo dos horas y media, dos días después las llevé a la de los Neveros-Llano de la Perdiz donde estuvimos algo más de dos horas y media. Hasta ayer, la distancia máxima que había corrido fue una media maratón en Baza tras la cual tuve un parón de 4 años sin correr (por problemas de espalda). Y la distancia mayor en montaña, también hasta ayer, habían sido los 20,85 km de la ruta del día 31 de diciembre que he descrito más arriba.
Y digo hasta ayer porque hicimos una ruta espectacular por lo que yo denomino “El Himalaya Granadino”, es decir, la archi conocida Vereda de la Estrella (Guejar Sierra). Le tengo un cariño especial a esta ruta. La hemos frecuentado en todas las estaciones del año y cada una ofrece un paisaje diferente y a cual más hermoso. Ya sea andando o corriendo es una gozada recorrerla y contemplar la visión de los picos más importantes de nuestra sierra. El recorrido que hicimos ayer guiados por Emilio, presidente del Club Granada Ultratrail, para mí fue especial. No solo por la belleza de sus paisajes y la dureza de la ruta sino porque supuso para mí la mayor distancia nunca corrida: 27,5km y 1.400 m. D+.
Lo que más me fascina es que no me he impuesto metas de distancia ni de velocidad (en montaña te olvidas de los tiempos y es lo que más me gusta de todo). Únicamente me he propuesto salir a disfrutar en buena compañía recorriendo senderos y bosques por los montes y fabulosos sitios que tenemos por aquí. Espero conservar esta enseñanza que me da la experiencia y los veteranos en esto y escuchar a mi cuerpo, descansar cuando lo necesite y salir a correr por el placer de correr para poder seguir haciéndolo siempre. He aprendido que cuanta menos imposiciones rígidas, mejor (al menos para mí).
Han pasado cuatro meses desde que decidí volver a correr tras más de 3 años de sequía corredora y hoy he participado en mi primera carrera de montaña. Se trataba de la Emotion Extreme de Jaén en su primera edición, un trail de algo más de 18 kilómetros de los cuales la mitad consistían en una subida continuada con la mayor parte del terreno por senderos boscosos y la otra mitad de bajada con algunos tramos de dificultad media.
Esta carrera ha sido especial por varios motivos. Algunos porque han supuesto para mí la superación de retos personales: porque ha sido mi primera carrera de trail, porque me he demostrado a mí misma que estoy en el buen camino, puedo correr y mi espalda no me está doliendo (hurra!!). Otro motivo es que me he esforzado muchísimo para ir a un ritmo superior al de mis escasos entrenamientos hasta el momento y he finalizado en una nada despreciable décimo puesto de la categoría élite femenino (tiempo oficial: 2h:09). Y el motivo más especial de todos es que Pablo ha estado conmigo animándome durante toda la carrera, sacrificando su participación para esperarme porque me prometió que estaría a mi lado en mi primera vez. Y lo ha cumplido. Me ha sorprendido muchísmo, cualquier persona corredora sabe lo difícil que es correr en equipo. Es difícil porque cada persona puede tener un ritmo y unos objetivos particulares. En este caso ha sido más difícil aún porque Pablo y yo estamos a años luz de distancia. Es difícil en los entrenamientos así que en una carrera más. Yo creo que ha demostrado grandes dosis de humildad esperándome en cada cuesta a que yo llegara, animándome a seguir con su compañía y sus palabras en lugar de ir a su ritmo y cumplir así sus propios objetivos personales. Sin contar que ha tenido que resistirse al contagio de la gente en una carrera, que te pasan y ten entran ganas de apretar. Pero esto ha sido una prueba más de que, como en la vida, hacemos buen equipo.
El recorrido me ha parecido más difícil de lo que pensaba cuando leí la información que la organización nos envió a los corredores. Sabía que la mitad era subida y la mitad bajada pero erróneamente pensé que no sería más duro que los trails de mi zona. La verdad no sabría decir si el perfil es realmente más duro (podría comparar el perfil de algunas de mis rutas habituales cosa que no he hecho aún) pero a mí me lo ha parecido y puede que en parte por el ritmo que he llevado, superior a cuando salgo tranquilamente a correr por los alrededores.
En cualquier caso, me ha gustado el paisaje, los senderos en el bosque y sobre todo las bajadas trialeras. Lo único que no me ha gustado han sido los tres kilómetros finales por asfalto hasta llegar a meta. Se me hicieron interminables. Pero lo compensa la buena labor de la organización del trail que se han portado fenomenal, en cada repecho había personal animando a todos/as los corredores/as. Chapó.
Y para terminar, empezaré por el principio…a este viaje nos han acompañado mi hija Maya y mi madre, completando la carrera con un poco de turismo en Jaén el día de antes, en plan familiar y divertido con un par de comilonas incluidas.
Otra crónica más detallada en el blog Traileando de Pablo.
Editora de este espacio.
Maestra y psicopedagoga. Profesional del mundo de la formación, e-learning, herramientas 2.0 para el aprendizaje, amante de la naturaleza, el deporte y la música