Empiezan las vacaciones de semana santa. Estamos muy contentos y hemos planeado pasar los días con mi familia en mi ciudad natal. Hacemos las maletas, nos montamos en el coche y como se dice en estos casos “carretera y manta”. Por poco pasamos a formar parte de las estadísticas. De esas siniestras que te ofrecen a modo de recuento en el informativo de turno: 25 muertos en la carretera este puente vacacional…Uff, menos mal no estamos en esos 25. Mi más sincero pésame para quienes sí lo están y sus familiares. Es una tragedia. La carretera se cobra demasiadas vidas, demasiados sueños…
El tipo que amarró con una cinta las neveras que transportaba en el camión no se aseguró lo suficiente. No se imaginó que una racha de viento iba a empujar a las neveras contra cualquier desafortunado vehículo que se topara en su camino en el instante preciso. Justo en el momento calculado tras repostar, ir al baño, comprar agua. Todos los pasos necesarios para pasar por ese punto en el momento certero. Me encuentro mirando por el cristal hacia la carretera, el mismo paisaje que hemos hecho miles de veces. No podría explicar qué pensé justo en el momento en el que veo 3 objetos solidos grandes volando en picado hacia nosotros. Chas, Pablo esquiva el primero. Giro de volante, reduce la velocidad y para el coche. De repente veo que se acerca a gran velocidad. No me da tiempo a nada, ni siquiera a pensar en mi hija que está sentada detrás mía. Únicamente me cubro la cara, instintivamente y pienso que ojalá mis brazos sean lo suficientemente fuertes para resistir el golpe del objeto cuando se estrelle contra nosotros. PUM!! golpetazo, abro los ojos y el cristal se ha hecho añicos pero ha absorbido el impacto de la nevera y no ha estallado. Uff, mi hija llora mucho pero estamos bien. Un pequeño pinchazo de una astilla del cristal más pequeño que el que me hubiera hecho cosiendo un botón. Estamos VIVOS e ilesos. Gran fortuna. A partir de aquí toda una odisea burocrática para el traslado del coche en la grúa y de nosotros en un taxi para continuar con estas vacaciones que han empezado de p* madre…
Todos sabemos que hay hechos que te cambian la vida. No sabría decir ahora mismo si este ha sido uno de ellos para mí. Tal vez sí. Me ha surgido un vacío. La certeza de que todo lo que construyes día a día, con tu esfuerzo, tu energía y tu pasión pueden quedar reducidos a la NADA. Borrados. La vida es efímera. Hoy estamos y mañana puede que no. Esto es así. Pero no me siento negativa ni triste. Al contrario, lo que siento es la necesidad de empezar de nuevo, de re-construirme. De buscar mis puntos de referencia, de saber verdaderamente lo que soy y lo que quiero.
Llevo mucho tiempo reflexionando sobre cuestiones de índole social, leyendo sobre diferentes movimientos ideológicos como el de simplicidad voluntaria y más recientemente sobre el de decrecimiento. Estamos ante un gran cambio en todas las facetas, en la concepción misma de la vida tal y como la hemos entendido hasta ahora. Y en este momento unido a la sensación profunda de que la vida es finita ocasionada por el accidente me encuentro como en un cruce de caminos y sin brújula. No hay tiempo que perder, por ello, desde hoy mismo estoy en proceso de re-construcción, quiero ser una persona mejor. Disculpen las molestias…
