Caliza, sudor y magnesio

Sentir de nuevo la roca. El cuerpo poco a poco va habituándose a los movimientos en la roca, a veces sutiles, otras, contundentes. Pasar del anquilosamiento a la fluidez. Todo lleva su tiempo, solo hay que esperar. Esperar mientras se escala. Y mientras tanto el cuerpo dolorido, magullado, como prueba de que estuvo allí. Colgado, aplastado contra una grieta, contra un resalto en la roca apenas perceptible desde abajo pero al que te aferras con todas tus fuerzas cuando lo tienes delante. Como recompensa, las risas con los compis escaladores y la mayor de todas ver a Maya, con esa gracia natural con la que se encarama a la roca y coloca sus piernas y manos allí donde su instinto le va marcando. Sublime. Y a la vuelta, ese olor en las manos, pelos y ropa, esa mezcla de caliza, sudor y magnesio que acompañan en el viaje de regreso a casa  y que te transporta a otra vida. A esa vida donde todo giraba en torno a piedras, donde la sucesión de momentos eran unidos por una cuerda dinámica.

Boulder Torcal de Antequera

Marga en Torcal

Boulder en Torcal de Antequera

Pablo en Torcal

Maya Torcal de Antquera

Maya en Cogollos Vega

Descansando en el Torcal

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