¿Por qué corren las mujeres?

Hace apenas 40 años, correr era considerado un deporte inapropiado para mujeres y quien iba a pensar por entonces que hoy día cada vez hay más mujeres que corren, de todas las edades y tipologías (jóvenes y mayores, delgadas y no tanto, ex atletas o no).

Haciendo un repaso a la historia,  encontramos que la mayor distancia que les permitían correr a las mujeres en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960 fueron 800 m y posteriormente en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles (1984) se añadieron, el maratón, los 3000m y 1500m.  En carreras organizadas, las mujeres a menudo corrían de manera extra-oficial y se les animaba a no correr en la línea de salida. En este campo, como en otros, la mujer también ha sufrido la discriminación. Sigue leyendo

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3ª Carrera de la Mujer en Granada

Cientos de globos rosas cubrieron el cielo granadino el pasado 17 de junio con motivo de la celebración de la 3ª Carrera de la Mujer en Granada en beneficio de la Asociación Española contra el Cáncer.  Miles de participantes, entre los que había mujeres, hombres, niños y niñas, acudieron a esta fiesta solidaria a dar su apoyo a quien padece de esta enfermedad a la vez que practicar actividad física saludable. Con un recorrido de 5km, las calles del recorrido se inundaron de la “marea azul” formada por miles de personas con la camiseta azul-celeste conmemorativa del evento.

A esta carrera acudimos en equipo, nuestro reto familiar consistía en que Maya realizara por primera vez una carrera de 5km corriendo. Teníamos mucha motivación e ilusión por su reto. Sigue leyendo

A veces ser madre se antepone a todo

A las 9:30h de hoy tuvo su comienzo la VI Carrera de Montaña Sierra Elvira. Una carrera exigente dentro de la copa andaluza con 29km y 1900 metros de desnivel positivo. Todos dicen que es una carrera dura. Estaba inscrita desde hace meses y no había pensado mucho en ella hasta hace un par de días,  como suele ocurrir en estos casos, cuando de pronto caí en la cuenta de que no había gestionado nada para dejar a nuestra hija mientras corríamos. Para cada carrera siempre encontramos la manera de que algún amigo/a se haga cargo de ella, o también se ha dado el caso de hacer que mi madre se desplaze desde Cádiz para quedarse con ella. Pero este fin de semana no ha podido ser nada de esto. De pronto un agujero negro se abrió dentro de mi cabeza. No soy muy defensora de la idea de que las madres son al final quien se encargan de los hijos/as puesto que en mi caso las cosas por fortuna funcionan de otra manera. Pero en lo más hondo de nuestro código genético o de años de culturalización se ha debido marcar a fuego el sentido de la maternidad y para mí, de manera consciente o incosciente, empezó a crecer la idea cada vez más fuerte de que no iba a participar en la carrera. No quería pedir de nuevo favores o recurrir a personas menos cercanas y lo que no quería por nada del mundo es transmitirle a mi hija la sensación de que es una pelota que suelto con alguien toda la mañana del sábado mientras sus papis corren. Así que empezaron a salir otras excusas en mi cerebro: estoy cansada, mi tiroides va mal, tengo el hierro bajísimo, la alergia. Y todas estas excusas son verdad, pero pueden ser razones suficientes para alguien que busque en la carrera hacer una buena marca o incluso podium. Pero siendo sincera, yo soy finisher y para mí el triunfo es terminar y disfrutar en el camino…pero en estas condiciones no iba a disfrutar así que decidí quedarme con mi hija e ir a ver a los corredores a la meta, animar a Pablo y a mis compis GUTs y disfrutar de la paella del final. Supongo que habrá más Sierras Elviras esperando para mí…

Mamás corredoras

Acabo de llegar a casa tras mi rutina de carrera a pie por mi circuito habitual. Se trata de un recorrido circular de 3 km en plena Vega granadina frecuentado por corredores y corredoras y ciclistas. Hoy es mi octava salida de 9km desde el día que decidí volver a correr a finales del pasado mes de agosto tras más de tres años sin hacerlo (la época de la foto que ilustra esta entrada). La verdad es que correr me encanta y aunque sufrí problemas en mi espalda y algunos  médicos me aconsejaron en contra de correr he decidido hacerlo porque nadie mejor que yo misma conoce mi cuerpo. Ahora sí, pienso hacerlo bien y he aprendido mucho sobre articulaciones, entrenamientos, estiramientos y todo lo necesario durante todo este tiempo para que mi vuelta a las carreras no me pase factura. De hecho, desde que el ciclismo de montaña se convirtió en otras de mis pasiones  y hago yoga habitualmente me encuentro más fuerte a nivel muscular y me está facilitando estos inicios en el mundo de la carrera a pie.

Pues bien, compaginar el trabajo, el deporte, la maternidad y la intendencia doméstica no es fácil. Eso lo sabemos todas las madres deportistas y más aún si nuestras parejas también lo son como es mi caso. Tenemos que cuadrar los entrenamientos para que mientras uno de los dos sale el otro se queda con nuestra hija. Nosotros lo llevamos muy bien. Tenemos nuestra propia rutina establecida y practicamos nuestros deportes casi siempre por separado. Nos apoyamos mutuamente para hacer aquello que nos gusta. Y eso es una suerte.

Hoy durante mi recorrido en la Vega me he cruzado con otra mujer corredora. Ella iba corriendo a buen ritmo y detrás de ella iban sus dos hijos pequeños (calculo que de 4 y 6 años aproximadamente) en bicicleta. Ella iba animándolos con palabras como “vamos chicos, una vuelta más” sin dejar de correr y mirando hacia atrás pendiente de ellos y de que no les pasara nada (por el circuito a veces pasan coches de los agricultores). A su vez los nenes le iban diciendo “mami, una vuelta más solamente porfi”. No he podido reprimir una sonrisa ya que la escena es para mi habitual. Suelo hacer lo mismo con Maya, ella viene en su bicicleta cuando yo salgo a correr y siempre tengo que animarla a “una vuelta más porfi” mientras ella dice “mami cuanto queda”. Y mientras corro, y controlo la respiración y el ritmo estoy pendiente de ella y de que no le pase nada. Por eso cuando esta mami de hoy me ha mirado mientras nos cruzábamos corriendo y me ha dicho sin pararse “ay, si es que así no hay forma” he pensado en mí misma y en todas las mamás corredoras del mundo porque una mamá SIEMPRE es una mamá.

Sierra Nevada espectacular!

El día 24 de julio fue el día elegido para cerrar la temporada de MTB de nuestro Club Ciclista en Femenino Granada. Con una subida al Veleta espectacular pusimos fin a nuestra temporada de rutas planificadas desde que empezamos nuestra andadura allá por el 28 de febrero. Lejanas quedan ya aquellas primeras salidas  por carriles de campo caracterizados por mucha distancia con escasa dificultad técnica pero sin duda ideales para hacer piernas y prepararnos para lo que toca ahora: afrontar la nueva temporada con ilusión y buenos cuadriceps.

La ruta planificada era la “Subida a la Laguna de la Caldera” pero algunos/as de los que estabamos allí pensando que la ruta contemplaba la subida hasta el Veleta nos dirigimos hacia la cumbre y  posteriormente continuamos con la ruta inicial.

Granada nunca deja de sorprenderme y a la vez me pregunto si los granadinos son conscientes del tesoro que esconde sus montañas. Sin palabras me quedo para expresar la belleza natural de sus montes, sus lagunas, su flora y su fauna. No nos faltó de nada. La ruta a nivel físico fue exigente, 34 kilómetros en los que tuvimos que salvar más de 1.000 metros de desnivel. Subiendo se sufre, pero la verdadera consciencia de lo subido te llega cuando haces el mismo recorrido pero en bajada, y sientes el aire de la sierra frío y no tienes que pedalear. El terreno tenía sus dificultades técnicas, mucha piedra, rampas, y un gran nevero que tuvimos que cruzar con la bici a cuestas o empujándola.

Aquí dejo una muestra de fotos cortesía de los aventureros Antonio, Luis y Pablo y en este enlace de Luis Jiménez se puede consultar el perfil de la ruta:


 

Gestionar las emociones: superar el miedo

Siempre me ha fascinado el mundo de las emociones y sobre cómo las gestionamos para superar el día a día ya que éstas están detrás de la mayoría (sino de todos) de los acontecimientos que nos pasan en la vida, percibamos éstos como buenos o como malos.
Pero, ¿qué son las emociones? He leído muchas definiciones, pero resumiendo, una emoción es un estado afectivo que experimentamos, una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato, influidos por la experiencia. Según algunos autores, existen 6 categorías básicas de emociones primarias: miedo, sorpresa, aversión, ira, alegría y tristeza.

De estas 6 emociones, únicamente la alegría es positiva y la sorpresa es neutra, el resto (miedo, aversión e ira) se valoran como negativas aunque sin duda son necesarias para la supervivencia.

Además existen muchas otras emociones que son más complejas, derivadas, ya que necesitan para ello de un complejo desarrollo previo de ciertas habilidades cognitivas como pueden ser la culpa, la verguenza y el orgullo.

Cuando en alguna situación cotidiana nos bloqueamos porque algo está impidiendo que actuemos como nos gustaría hacerlo un ejercicio mental que suelo hacer es pensar sobre qué emoción de entre estas seis estará actuando como bloqueador. Una vez que identifico la emoción pienso en una estrategia para gestionarla. Por ejemplo, a veces, cuando damos una mala contestación a una persona cercana (amigo o familiar) y reflexionamos sobre el porqué de esta conducta puede ser que la emoción que hay detrás puede ser tristeza (si nos sentimos tristes porque esta persona se aleja), miedo (si tememos perder su amistad) o ira (si estamos enfadados porque nos hemo sentido ofendidos y no hemos sabido resolver el conflicto de manera constructiva). En función de la emoción que esté provocando ese comportamiento la estrategia será diferente. No es lo mismo gestionar la tristeza, que la ira o el miedo.

El miedo se define como la anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad. Este peligro puede ser real o imaginario. Gracias a esta emoción tendemos a protegernos de situaciones potencialmente peligrosas incluidas las mortales.

En la práctica de un deporte que conlleva riesgo, la gestión de la emoción del miedo es fundamental para mejorar la práctica deportiva y por tanto alcanzar el mayor desarrollo posible de la habilidad. A lo largo de los múltiples deportes que he practicado y practico siempre existe un alto grado de miedo que gestionar. Y quizás sea este miedo lo que me engancha a estos deportes. Pero claro, siempre y cuando mi gestión del miedo sea eficaz, de lo contrario me impediría realizar ciertas cosas. Entrenar la mente en la práctica deportiva me ayuda a gestionar el miedo en otras situaciones de la vida, aunque no siempre son extrapolables, sobre todo cuando hay factores externos que no dependen de una misma (como en el entorno laboral por ejemplo).

Cuando me encuentro ante un reto, una dificultad técnica y no me siento capaz, me doy cuenta que tengo miedo (a caerme, a hacer el ridículo, etc.) y entoces analizo la situación para descomponerla en factores que puedo controlar y los que no, intento objetivizar y cuando la conclusión es a mi favor, el miedo desaparece. Como cuando me enfrento a una subida o bajada técnica con la bici como la que se ve en este vídeo:

Voluntad y esfuerzo, ingredientes clave del éxito

fuente de la imagen: http://ochomiles.wordpress.com

Ayer vi un documental sobre Edurne Pasabán. Para quien no sepa quién es esta mujer, es una deportista excepcional, una montañera que tiene en su haber el ser la primera mujer en la historia en haber conquistado los 14 ocho miles del planeta. Se pueden contar con los dedos de una mano las mujeres que lo han conseguido y apenas lo ha hecho una veintena de hombres.

8miles

Lo que más me gusta de ella y de los montañeros que son como ella es su actitud perseverante, su enorme fuerza de voluntad y su gran capacidad de esfuerzo. Como dice una frase de mi amigo Xaverio en su libro Indalo Codex “Actúo con paciencia y perseverancia porque cada cosa requiere su tiempo”. Y cuando hablamos de la montaña no debería ser de otra forma, ya que los alpinistas no se juegan un triunfo deportivo sino que se juegan la vida. Y muchos la han perdido en ella.

Esta actitud de voluntad y esfuerzo que vemos en las personas alpinistas como ella es aplicable a la vida diaria en el terreno personal y profesional. Me gusta afrontar los retos de mi vida como montañas porque encuentro numerosos paralelismos entre ambos: planificar la estrategia de acometida, dosificar esfuerzos, reservar energía para los momentos duros, saber cuándo es mejor parar y volver a retomar, contar con las personas que nos son importantes y adecuadas para cada cosa, respirar, oxigenar el cuerpo y la mente…

A más de 8 mil metros de altura, la falta de oxígeno hace que los pasos sean muy cortos, que la cumbre se alcance progresiva y muy lentamente. Aquí de nuevo otro paralelismo, en los grandes proyectos vitales también hay que ir poco a poco, tener voluntad y esforzarse por lograr lo deseado. Como leí el otro día en una frase de las de azucarillo que me gustan tanto: “tan a destiempo llega el que va muy lento como el que va muy deprisa”.

El documental finalizaba diciendo que con voluntad y esfuerzo se puede conseguir cualquier sueño pero es evidente que un tercer ingrediente son las personas que te acompañan en la vida. Edurne no ha subido sola los 14 ochomiles, todo ha sido posible gracias al equipo humano que la acompaña en cada expedición. Y aquí mi último paralelismo del post, en la vida, las personas con las que convivimos y con las que trabajamos forman también parte de nuestro éxito o de nuestro fracaso.

Pedaleando, un estilo de vida sano, ecológico y barato

Todas las mañanas atravieso la ciudad dándole a los pedales para ir a trabajar.  La sensación es maravillosa. Atravesar la ciudad en bici es muchísimo mejor que hacerlo en coche. Se respira libertad.  Al pedalear todo fluye, la sangre por el cuerpo y con ella el oxígeno.  Cuando el cerebro tiene oxígeno las ideas fluyen y se dibuja una sonrisa en el rostro.

Llego algo cansada al trabajo tras 4o minutos con ligera pendiente y fuerte pendiente al final, pero satisfecha. El grado de cansancio suficiente para trabajar con alegría pero sin energía extra para derrochar en las cosas accesorias que a veces, por desgracia, acompañan al trabajo: las discusiones innecesarias o los pensamientos negativos. Sólo las tareas, me centro únicamente en las tareas. Trabajar, pedalear, fluir…

Se debe de notar, que me gusta y que disfruto. Ayer cuando llegué a casa mi hija me dijo: “mami, te he hecho un dibujo para que lo lleves al trabajo” y cuando lo vi me encantó. Es el dibujo que acompaña esta entrada. Dice la mami-ciclista (yo) “voy montando y disfrutando”.

Otro motivo más de satisfacción, la imagen que mi hija va formánose de su mamá. Me ve feliz, sana, ecológica y de paso le transmito esos valores fundamentales para su educación. Estoy deseando que llegue la hora de volver a casa para pedalear pero esta vez todo cuesta abajo, todo disfrute.

¿Se necesitan más razones para cambiar el coche por una bicicleta?