Equipos con emoción

Hoy he asistido a la presentación oficial del libro “Equipos con emoción” cuyo editor es un gran profesional de la comunicaciòn en el sistema sanitario y compañero de trabajo en la empresa para la que trabajo.

Han hablado del libro, el gerente del SAS (Servicio Andaluz de Salud), el gerente de la EASP (Escuela Andaluza de Salud Pública), dos de sus autores: María Ángeles Prieto y el propio editor Joan Carles March (@joancmarch) y un representante de Novartis.  El libro se ha basado en un estudio sobre clima organizacional llevado a cabo por profesionales de la EASP en los centros sanitarios de nuestro SSPA (Servicio Sanitario Público Andaluz).

Entre las ideas fundamentales que han señalado destaco las siguientes:

  • Trabajar en Equipo es difícil pero merece la pena
  • A trabajar en equipo se aprende

No entraré en el contenido del libro puesto que aún no lo he leido y tengo verdaderas ganas de hacerlo. Lo que me ha llevado a escribir este post es la reflexión que me ha generado sobre mi propio papel en los equipos a lo largo de mi vida. Porque claro, como muy bien dicen los autores de este libro y muchos otros que escriben sobre el tema, es que no hay que confundir un grupo con un equipo. A lo largo de nuestra vida formamos parte de numerosos grupos (el grupo de la clase de 5º de primaria, el grupo de la facultad, el grupo de amigos de facebook, etc.) Pero, ¿de cuántos equipos hemos formado parte realmente?

En mi infancia y adolescencia formé parte de un equipo femenino de voleibol. Y pensando en ello me vienen a la mente muchas de los rasgos definitorios de equipo: trabajar juntos para un objetivo común, implicación emocional, compartir experiencia vital y sobre todo EMOCIÓN. Nos emocionábamos con los éxitos y con las derrotas, nos animábamos unas a otras, entrenábamos duro para superar dificultades, nos ayudábamos, ganábamos partidos juntas y los perdíamos juntas también. Todas para una, una para todas. Éramos un verdadero equipo.

Actualmente también tengo una experiencia de equipo deportiva: formar parte de un club de ciclismo (del cual soy la vicepresidenta) cuyo objetivo es promocionar la práctica de este deporte en las mujeres. Estamos los momentos iniciales del equipo en lo que según los autores del libro sería la fase de agitación (un equipo pasa por 4 fases: formación, agitación, normalización y realización) y ya estamos siendo testigos de como aunamos esfuerzos para conseguir objetivos comunes (buscar patrocinio, creación de herramientas para el conocimiento y difusión del club, preparar las rutas, etc.).

Cuando pienso en trasladar esto al ámbito laboral me doy cuenta de que por desgracia actualmente no formo parte de un equipo. Como mucho, he formado parte de numerosos grupos de trabajo. Pero como he dicho anteriormente, un grupo no es un equipo. Y eso se nota. Y sobre todo se echa de menos. Implicarse emocionalmente en un trabajo pasa por compartir con otras personas las mismas emociones, de alegría, de tristeza, de conseguir éxitos sumando esfuerzos individuales, de superar dificultades…

Así he llegado hasta mi última reflexión: mi familia es mi verdadero equipo. Y pueden pensar que todas las familias son un equipo pero no tiene por qué. Es decir, puede que haya familias que sean un grupo de personas unidas por un parentesco (sanguíneo o político) pero para formar un equipo, al igual que en el deporte o en el trabajo, se necesita algo más. Se necesita remar en la misma dirección, tener como objetivo común el bien del grupo por encima del bien individual. Es sentir que lo que es bueno para la familia es bueno para cada uno de sus miembros. Es protegerse unos a otros. Eso y mucho más es lo que me hace sentir mi familia, mi verdadero equipo con emoción.